Material: Seminario Taller para Escritores Nobeles

UNIVERSIDAD NACIONAL EVANGELICA

Seminario Taller Para Escritores Nobeles
Artes Y Técnicas De La Escritura
26 de Junio del 2008, Santo Domingo, República Dominicana

Desde este taller concebimos la escritura como una dimensión esencial de los humano. Ya que la escritura está estrechamente ligada a la vida, al conocimiento, al arte y a la acción social del ser humano.

Escribir es una actividad compleja. En la elaboración de un texto escrito se emplean variadas estrategias comunicativas, ya que escribir no es solo redactar, es, sobre todo, estructurar y expresar con suficiente claridad el pensamiento.

La acción de escribir es un arte que no surge de la casualidad sino de un aprendizaje consciente y constante.

Objetivos del taller:
Mejorar la expresión escrita y practicar la acción de escribir para lograr elaborar textos expresivos correctos.
Desarrollar estrategias que faciliten la producción de textos claros, coherentes y apropiados.
Estimular el deseo y despertar la necesidad de escribir.
Competencias:
Jerarquizar, seleccionar y organizar la información que se desea transmitir.
Utilizar la escritura con mayor fluidez y exactitud.
Metodología:
La metodología es inminentemente crítica y apunta al acercamiento y familiaridad con los nuevos procesos para desarrollar las competencias para escribir con estilo y propiedad.

Texto: Un resumen del libro “Todos podemos escribir” de Tomás Gómez Bueno.

TALLER PARA ESCRITORES NOBELES

ARTE Y TECNICA DE LA ESCRITURA.

DIRIGIDO A PROFESORES, ESTUDIANES Y PERSONAL ADMINISTRATIVO.

FACILITOR: TOMAS GOMEZ BUENO.

PRODUCTOR DEL TEXTO DE APOYO: TOMAS GOMEZ BUENO.

Muchas personas no escriben con soltura y elegancia porque piensan que escribir a ese nivel es una cualidad de personas excepcionales. Quienes así piensan, cada vez que han tenido la obligación de escribir algo, lo han hecho como para salir del paso. Son muchos los que se sienten presionando por las reglas gramaticales. Escriben con inseguridad y temor. La tarea de poner algo por escrito los agobia y los mortifica. Sin embargo, esto necesariamente no tiene que ser así.

La mayoría de programas y cursos de español a nivel superior dicen tener como objetivo esencial formar lectores y escritores competentes. Sin embargo, si hacemos un análisis crítico del contenido y la metodología de estos programas, concluiremos que esencialmente se enfocan en la formación de expertos en reglas gramaticales que en un gran porcentaje resultan con muchas limitaciones al momento de comunicarse por escrito.

Con frecuencia es en las escuelas y en las universidades donde las potencialidades que tienen muchas personas para escribir se ven bloqueadas. La metodología y el contenido se basan en esquemas tradicionales, diseñados para formar analistas del lenguaje, no comunicadores y escritores.

En estos programas el estudiante tiene que clasificar las oraciones según la intención y sentido de quien la expresa, tienen que aprender de memoria la conjugación de los verbos y sus diferentes modos y tiempos y tienen que manejar un sin número de definiciones que aportan muy poco al uso y desarrollo de una buena comunicación en la vida cotidiana. Estas son tareas fastidiosas, y para escribir bien, no necesitamos nada esto, por lo menos, de la forma en que se enseña en nuestras escuelas y universidades.

La escritura, aunque se enseñe en el aula, tiene que estar ligada a la realidad que se vive. Escriba, corrija, reescriba. Viva su composición. Compártala, celébrela, autocritíquela y escuche críticas, pero no pare… ¡Va aprender! Se lo aseguro. Pregúnteles a los buenos escritores si aprendieron su oficio construyendo oraciones sueltas sin estar conectadas a ningún significado.
Ellos aprendieron a escribir sobre realidades y vivencias que les eran propias. Solo así se aprende a escribir.

El autor no enfatiza las reglas gramaticales. Él ofrece las reglas de puntuación y varias normas ortográficas, pero mantiene siempre con el objetivo de motivarnos a mejorar nuestro estilo de escribir. Se trata de algo así como cuando se quiere aprender a jugar beisbol. Usted no comienza con un complicado manual de reglas, usted se dirige al terreno de juego a jugar pelota. Aunque es lógico que para usted jugar beisbol a cierto necesita conocer reglas. La mejor forma no es leyendo instrucciones en un libro, es en el campo del juego donde se aprende a jugar, y es jugando como se aprenden las reglas.

¿POR QUÉ ESCRIBIR?

Son muchas las personas que no entienden por qué si han pasado sus años de mayor lucidez intelectual en una aula de clase aprendiendo sobre la comunicación escrita, al momento de poner en práctica sus conocimientos; es decir, al momento de responder a la necesidad particular de escribir, tienen tanta dificultad para hacerlo. Sencillamente, estas personas están bloqueadas y lo que debería ser una actividad natural sin mayores complicaciones, termina por convertirse en un tormento frecuente.

Se ha llegado a la conclusión de que una de las causas de este bajo rendimiento de la expresión escrita en personas que han pasado tiempo más que suficiente adquiriendo una formación académica, estriba en la falta de una efectiva vinculación entre la forma en que se enseña la gramática en las aulas de clase y las autenticas y verdaderas necesidades que tienen las personas para comunicarse por escrito.

Esta disonancia entre el aprendizaje teórico y la práctica de la escritura es capaz de crear situaciones de crisis en personas que en un momento dado tienen que redactar un documento. Con frecuencia, son personas competentes, con notable habilidad para la comunicación oral, pero que al momento de elaborar una comunicación escrita se encuentran bloqueadas, incapaces de coordinar sus ideas y producir un texto ágil y fluido que exprese de forma adecuada lo que desean comunicar.

El problema radica en que el fenómeno de la escritura es abordado, o más bien enseñado en la escuela desde una perspectiva no funcional. La metodología de la escuela apunta a la formación de expertos en gramática, teóricos o filólogos, no de comunicadores como tales. El lenguaje debe ser estudiado como una dimensión esencial de lo humano.

El profesor Carlos Alberto Rincón nos indica que se debe estudiar el lenguaje siempre estrechamente ligado a la vida, al conocimiento, al arte y a la acción social del hombre. Toda lengua es un producto social, se aprende por necesidad, por asociación, por el intercambio social y humano.
Martin Alonso afirma que en un tratado de redacción es más provechoso el estudio directo del lenguaje que el de las abstracciones gramaticales. El lenguaje es un hecho natural en el hombre. La capacidad que tenemos para comunicarnos mediante signos orales o escritos, es una necesidad social, reflejo de nuestras ideas y sentimientos.
Aprender a escribir requiere de entusiasmo, de una cierta inquietud y expectación capaz de movernos hasta la inspiración y de encender nuestras luces creativas. Las reglas gramaticales, útiles y sumamente importantes para la producción de buenos textos, ayudan poco cuando se aplican de forma represiva al extremo de causar cierto nivel de bloqueo o traumas a quien aprende.
Hay muchas personas que pudieron ser destacados escritores y por algún trauma o por falta de una motivación efectiva, solo escriben cuando las circunstancias se lo imponen. Hay otras personas que con un poco de esfuerzo pudieran escribir mucho mejor. Escribir es importante porque todo conocimiento hay que construirlo mediante el lenguaje. Desde cualquier aspecto del conocimiento necesitamos del lenguaje. De manera que el dominio de la escritura es una afirmación del conocimiento adquirido, es un medio más para fortalecer este conocimiento.
Para escribir, no hay que esperar que se nos presente un compromiso o estar bajo la presión de la entrega urgente de un informe o el envío de una carta, cualquier detalle, cualquier evento o situación que impresione nuestros sentidos es una oportunidad de expresarnos por escrito. Tenemos que habituarnos a escribir por puro placer, por simple desahogo terapéutico, porque como se ha dicho ya tantas veces, “a escribir solo se aprende escribiendo.”
ESTRUCTURA Y COMPOSICION DEL TEXTO

Es importante establecer que la redacción es un proceso en el que intervienen diversos factores que debemos combinar para lograr una versión de calidad de lo que nos hemos propuesto a escribir.

Escribir es una actividad compleja. Porque el escritor tiene que trabajar el proceso de comunicación siguiendo un conjunto de estrategias, cuyo dominio lo van a definir como escritor competente. El escritor logra la cohesión de su texto conectando las diferentes frases entre sí, sin perder de vista nunca el punto central de lo que desea expresar. Este concepto central, es lo que le permite desarrollar su estrategia para ir trabajando sobre la composición.

En la escritura, es preciso establecer una distinción entre el código escrito y la composición del texto. Vamos primero a concentrarnos en comprender el concepto de código escrito. Se trata del conjunto de conocimientos que posee un escritor en su memoria sobre la gramática, la ortografía, la morfosintaxis y demás mecanismos que sirven de enlace y que determinan la cohesión del texto. El código escrito es el conocimiento acumulado que tiene cada persona sobre la escritura. Es un conocimiento que reposa en la memoria del individuo y que fluye espontáneo y sin mayor esfuerzo.
El código escrito no es innato del ser humano, es aprendido. Pero no puede ser asimilado conscientemente con ejercicios de gramática, porque la lengua es excesivamente compleja y es imposible aprender todas sus reglas y todo en cuanto a componer un texto se refiere. El código escrito, es adquirido mediante la lectura y la comprensión de textos, la memorización de fragmentos literarios, la copia, el estudio funcional de las reglas gramaticales y la comprensión oral, entre otros medios de socialización del conocimiento.
Todo el que se dispone a escribir, mucho o poco, tiene ya unos recursos en su memoria, un saber, un conjunto de conocimientos gramaticales y de la lengua, esto es lo que se ha llamado el código escrito.
Partiendo de nuestro código escrito nos disponemos a componer un texto. Aquí entra en juego lo que es la competencia que es el dominio o destreza que poseemos para producir un escrito, es el conjunto de estrategias comunicativas que utilizan los autores para producir un texto.
La competencia es el conocimiento que se posee (el saber) y la actuación es la aplicación de ese conocimiento (el saber hacer). Un escritor debe conocer y saber y utilizar estos dos componentes si aspira comunicarse correctamente por escrito. Debe tener suficientes conocimientos del código escrito y además debe saber aplicar las estrategias de la redacción. Para escribir bien no basta conocer las palabras y las oraciones, sino que ello implica poner en juego variadas habilidades y actitudes relacionadas con todo nuestro conocimiento.
La competencia es el dominio del código escrito, que es el conjunto de conocimientos gramaticales y de lengua que tienen los autores en la memoria, y la actuación es la composición del texto, o sea el conjunto de estrategias comunicativas que utilizan los autores para producir un texto escrito. La lectura es el eje central de la estrategia para aprender y para desarrollar unas efectivas competencias relacionales.

La composición del texto se entiende como una actuación, un acto, el saber hacer. La actuación es el uso consciente, reflexivo y controlado del código escrito. Es el empleo por parte del escritor de un conjunto de estrategias comunicativas con el propósito de generar el texto. Incluye la puntuación, las referencias y todo el conocimiento y los recursos que una persona tiene a su disposición para expresarse con coherencia y darle la estructura global a un texto.

Un escritor debe conocer y saber utilizar estos dos componentes si aspira a comunicarse correctamente por escrito. Debe tener suficiente conocimiento del código escrito y además debe saber aplicar las estrategias de la redacción.

LA LECTURA EN LA ADQUISICIÓN DEL CÓDIGO ESCRITO

La lectura es la actividad que está más relacionada con la expresión escrita y es además el ejercicio didáctico más efectivo para la adquisición del código. Por eso, la lectura es el medio ideal de aprendizaje, pues no basta con conocer el código escrito, para escribir bien, hay que saber utilizarlo en situaciones concretas. A un buen escritor no le basta con saber las normas de ortografía, debe saber utilizarlas, así como también debe saber el tipo de estructura que le dará a su escrito, el registro que adoptará, si usará expresiones coloquiales o formales.
La lectura se revela como la forma más viable de aprendizaje en el dominio del código escrito, porque pone en contacto al escritor con los textos que contienen todos los conocimientos, técnicas y estrategias que necesita el escritor. Leyendo, el individuo puede aprender la gramática, los mecanismos de cohesión, y las reglas de coherencia textual que necesita para escribir. Sólo los textos escritos muestran el uso de todos los conocimientos lingüísticos necesarios para desarrollar la escritura. Las investigaciones han demostrado que la competencia lectora es la actividad que más se relaciona con la escritura.

Para aprender a escribir hay que aprender a leer. Sólo cuando se desarrollan las habilidades propias de un lector competente, se podrá iniciar la producción de textos con calidad. Si se fomenta lectura para reconocer los mecanismos de cohesión y coherencia empleados por los buenos escritores en la producción de sus textos, se favorecerán las habilidades necesarias para la redacción.

Leer es un proceso de pensar que tiene carácter muy individual. La lectura pone al lector en contacto con nuevas palabras. Y lo hace en un clima de sostenido interés, ubicando las palabras en el contexto que ayudan a entender su significado y fijarlo. Quien lee mucho tiene un vocabulario más abundante que quien lee poco o no lee.

La lectura es una compleja actividad mental que envuelve el reconocimiento visual de los símbolos, la asociación de estos con las palabras que representan, la relación de las palabras con las ideas y sentimientos que contienen; pero es mucho más— de acuerdo a lo que expone, la profesora Antonia Saez, en su libro “Lectura, arte del lenguaje”— “es la asociación de estas ideas y sentimientos con nuestros propios pensamientos, con lo ya tenido en nuestro espíritu, lo que hace que la lectura cobre verdadera significación”.

EL PROCESO DE REDACCIÓN

Redactar es un proceso que le permite al escritor transformar las ideas que tiene en lenguaje visible y comprensible para el lector. Redactar es, afirma Martín Alonso, “el arte de construir la frase con exactitud y originalidad, incorporando al caudal de expresión un léxico y estilo propio”. La redacción eficaz se inicia con una adecuada selección de palabras.

Redactar es un ejercicio creativo que involucra las ideas, las palabras, las vivencias, habilidades y la particular visión del mundo de quien escribe. Por todo lo que implica, la tarea de escribir es un asunto serio y su ejercicio reclama la participación de todas nuestras facultades intelectivas. Cuando redactamos apelamos a los conocimientos gramaticales: fonética, morfología, sintaxis y léxico y que hemos adquirido a lo largo de nuestra experiencia comunicativa.

Cuando nos disponemos a redactar entramos en la fase de la invención, que es ese primer momento de búsqueda de información relacionada con el tema que hemos seleccionado. El escritor empieza a definir y a concretar el tema. Aquí están presente la seis preguntas clásicas: Qué, quien, cuando, donde, cómo y por qué.

Es en el proceso de redacción que apelamos al código escrito; es decir, al conjunto de conocimientos abstractos sobre una lengua escrita que tenemos almacenados en el cerebro. En general no somos demasiado consciente de su presencia. Se trata de unas competencias que hemos alcanzado por la lectura, por la permanente interacción, el estudio de las reglas de la gramática, la copia de fragmento de textos, entre otros ejercicios.

Joseph D. Novak nos aporta lo que él llama los mapas conceptuales o mapas de ideas, los cuales son un excelente recurso en este momento inicial y nos pueden servir de soporte para el trabajo de la escritura. Es como una especie de esquema general, de ruta a seguir. Aquí podemos visualizar el tema general con sus diferentes implicaciones, con los subtemas, las precisiones, definiciones y argumentos que servirán de soporte a los conceptos que vamos a expresar. En el capitulo siguiente ampliaremos sobre los mapas conceptuales.

Cada vez que escribimos necesitamos y tenemos la obligación de encontrar la palabra adecuada que debemos colocar dentro del orden que mejor exprese nuestros conocimientos, sentimientos o vivencias. Cuando estamos redactando seleccionamos, rechazamos y comparamos las posibilidades que tienen las palabras para decir lo que queremos expresar. Por eso redactar no es un movimiento continuo y lineal, sin retrocesos ni paradas. Por momentos nos quedamos inmovilizados, atrapados dentro de un remolino de ideas que no logran definirse y organizarse. Al fin, encontramos una salida y continuamos avanzando.

Los conocimientos del código escrito que debe tener un escritor se pueden clasificar en:

La adecuación: Saber escoger las palabras y los términos adecuados para cada situación. La adecuación es la propiedad textual que nos permite adaptar los principales factores de la comunicación a la situación concreta y a cada tipo de texto. La adecuación influye también en la acomodación del registro lingüístico, el tono, el estilo y el género a la intención comunicativa del emisor y a la finalidad del escrito. Mediante la adecuación ponemos al receptor en relación con el tema, el tipo de texto, el contexto comunicativo discursivo y el marco espacio temporal. Su criterio fundamental es organizar y adaptar el texto al tema y al tipo de lector a que está dirigido.

La coherencia: Saber escoger la información relevante y saber estructurarla. La coherencia nos permite entender e interpretar el contenido del texto por partes y en su totalidad, al dotarlo de unidad organizativa, temática, lógica, progresiva y relevante. El escrito, sea cual fuere la forma que adquiera, ha de constituir una unidad de sentido, lógica y coherencia, que permita una lectura de fácil comprensión. La coherencia está referida a la unidad de las ideas.

La cohesión: Saber conectar las distintas frases que forman un texto (puntuación). La cohesión es la propiedad que permite ensamblar las partes y proporcionar unidad informativa y coherencia semántica al texto mediante los mecanismos de relación lingüística y discursiva. El texto constituye una unidad de sentido completo y una estructura organizada en partes integradas entre sí en torno a la idea temática integral. La cohesión está más referida a la unidad textual.

Mediante la cohesión establecemos una relación gramatical y semántica entre las diferentes unidades que componen un texto. La cohesión se produce con frecuencia por el orden que guardan las palabras dentro de las oraciones independientemente de la función sintáctica que desempeñan. Pero intervienen otros mecanismos gramaticales, como la repetición y la sustitución.

Corrección gramatical: conocer las reglas fonéticas, ortográficas, morfosintácticas y léxicas que permiten construir oraciones aceptables.

El conjunto de relaciones que determinan la coherencia textual viene dado por medio de la cohesión textual. Para lograrla se recurre normalmente a la selección y presentación de la información de manera progresiva mediante la aplicación de los conceptos de tema. Al escribir tenemos que conocer el tema y adaptarnos a la situación comunicativa tratando de utilizar el código elaborado que nos permita seleccionar las palabras adecuadas.

El código no nace con nosotros almacenado en nuestros cerebro, sino que lo conseguimos en el exterior. Entre las actividades que sirven para lograr este objetivo, esta la lectura y la comprensión de texto, la memorización de fragmentos literarios, la copia, el estudio, las reglas gramaticales, la comprensión oral etc. Todas estas prácticas son usuales en los cursos de redacción o lengua.

La lectura: Los maestros han insistido siempre de que la mejor forma de aprender a leer es leyendo. Los estudios realizados demuestran que existen una relación directa entre el hábito por la lectura y la capacidad en la expresión escrita. Práctica de la escritura: De acuerdo a estudios realizados, los buenos escritores han participado en cursos prácticos de redacción y expresión o también escriben frecuentemente.

Cassany nos da tres pasos que debe seguir el escritor en el proceso de escribir: planificar, redactar y examinar.

1) Planificar: El que escribe debe formarse una representación mental de las informaciones que contendrá el texto. Esta representación es muy abstracta. No es necesariamente un esquema completo y desarrollado. En algunos casos una palabra clave puede representar una cadena completa de ideas.

2) Redactar: En este proceso el que escribe transforma las ideas que tiene en lenguaje comprensible para el lector. Se expresa, traduce y transforma estas representaciones abstractas en una secuencia lineal de lenguaje escrito.

3) Examinar: Los autores deciden conscientemente releer todo lo que han planificado y escrito anteriormente. No solo se examinan las ideas y las frases que se han redactado, sino también los planes objetivos que se han elaborado mentalmente.

LA COMPOSICION LITERARIA

Escribir es un acto creativo de representación que desarrollamos a través de un proceso de organización de las ideas surgidas a partir de la elección de un tema, buscando el texto y la forma más adecuada de acuerdo a cada situación. El proceso de escribir parte de una situación dada que tiene como resultado la producción de un texto con un fin específico. Inmersos en el proceso de composición elaboramos diversas estrategias que ponen en juego todos los conocimientos a nuestro alcance para el logro de los propósitos de la escritura.
La composición del texto se entiende como una actuación. Es el saber hacer. Es el conjunto de estrategias comunicativas que tiene el escritor para generar su texto. Es la forma de cómo al escribir voy sacando de mi almacén esos conocimientos y ordenándolos con palabras, frases, oraciones y párrafo. El código escrito es el almacén donde he ido acumulando todas mis experiencias comunicativas, todo mi saber sobre una lengua determinada.
La composición del texto se entiende como una actuación, un acto, el saber hacer. La actuación es el uso consciente, reflexivo y controlado del código escrito que una persona tiene a su disposición para expresarse con coherencia y darle la estructura global al texto.
La experiencia dice —conforme a lo expresado por Daniel Cassany— que no basta con los conocimientos adquiridos. Para escribir bien hay que saber utilizar estos conocimientos en una situación concreta. Es aquí, muchas veces, donde está la diferencia entre un buen escritor y un escritor mediocre.

Para empezar a escribir hay que crear un marco de pensamiento que nos permita generar ideas. Tenemos que elaborar un plan, un esquema a partir de las informaciones, datos e ideas que hemos recopilados. La clave de este plan es producir un texto con un adecuado nivel de coherencia que nos permita aproximar a nuestros lectores, en la mayor medida, a la comprensión y disfrute de lo que escribimos.

Para lograr este objetivo hay que diseñar esquemas, aprender a consultar fuentes diversas de información y saber aplicar diferentes técnicas de organización de las ideas como mapas conceptuales y palabras claves.

En el proceso de la composición de un texto la planificación es un recurso que nos permite establecer el sentido adecuado para seleccionar las fuentes y los escritos que nos servirán de soporte para construir el argumento concreto sobre el que vamos a desarrollar la escritura.

Desde el plan se identifican los posibles lectores, se determinan los objetivos que se quieren lograr y, en consecuencia, se define cual será el contenido y el tono en que será presentado el texto. El plan de composición del texto se realiza atendiendo la relación autor-lector, con un nivel de flexibilidad que permita reformular los objetivos en la medida que realizamos los ajustes que sugiera el proceso. El escritor competente tiene consciencia de los lectores, planifica la estructura y trabaja el proceso cíclico de borrador, corrección y versión definitiva.

El proceso de construcción de un texto está marcado por varias etapas que no siempre se agotan de forma lineal, progresiva e indetenible. Con regularidad lo que se ha producido en un momento dado puede ser revisado, analizado y reestructurado para mantener la coherencia de lo que se quiere lograr.

Hay pausas, análisis, retorno a la búsqueda de información, redefinición de la estrategia y ajuste del estilo. Toda esta dinámica de cambios convierte el escribir en un proceso cíclico donde ningún recurso es definitivo, sino hasta cuando el trabajo está totalmente finalizado.

Por esa razón en la medida que escribimos vamos verificando si el texto es comprensible para los lectores a los que pensamos llegar. Y no solo si es comprensible lo que escribimos, sino también si es agradable, o si nos suena bien.

Por esa razón en el proceso de escribir intercambiamos nuestro ejercicio con la posición del lector. Queremos verificar si comprendemos con facilidad lo que escribimos. Y no solo si comprendemos lo que escribimos, sino también, si nos agrada, si nos suena bien. Cassany recomienda releer los fragmentos que se han escrito. Esta estrategia ayuda al escritor a mantener el sentido global del texto. Esto es así porque en la medida que se avanza en la composición cada palabra que escribimos, cada frase u oración, cada párrafo condiciona al que sigue y a las elecciones que se puedan hacer después.

Uno de los problemas para quien quiere escribir, es pensar que las publicaciones acabadas que lee, se escribieron con poca dificultad. El lector frente a la hoja nítida y bien dispuesta, no se entera de las tachaduras, correcciones y papeles arrugados que fueron arrojados al canasto en el proceso de composición del texto. Todo escrito de cierta calidad y valor se produce entre vacilaciones y dudas, tachaduras y correcciones.

Escribir es un proceso en el que el pensamiento se expresa de forma coherente y con unidad. La acción de escribir constituye un arte que no surge de la casualidad sino de un aprendizaje consciente y constante. La mayoría de los estudios realizados sobre cómo se aplican los escritores en el proceso de la composición de un texto dicen que los buenos escritores han generado una amplia gama de estrategias que les permite desarrollar inteligiblemente sus ideas; hacen esquemas, escriben borradores previos, releen.

Los modelos teóricos elaborados para explicar el proceso de la composición del texto escrito concluyen, en general, en que los escritores competentes:

Piensan antes de escribir y mientras escriben en lo que quieren decir, en la información con la cuentan al respecto, en la finalidad de la escritura o propósito, en cómo es mejor expresar la información (estilo, género) y en el receptor a quien está destinado el escrito.

Esquematizan la organización del texto, es decir, trazan mentalmente y, luego en borradores, un proyecto de texto y/o sucesivas versiones.
Releen el escrito para verificar si se ajusta a los objetivos planteados, corrigen.

La revisión y la corrección son procesos fundamentales en la composición del texto. El escritor competente verifica si las ideas que ha desarrollado se ajustan a los objetivos y las consideraciones que se planteó inicialmente acerca de la situación de comunicación: quien es el receptor, en que marco circulará el escrito poniéndose en el lugar del receptor; además, suele compartir su escrito con otros lectores que asuman también el papel del lector modelo inscrito en el texto.

El escritor debe constatar, por otra parte, si la organización de ha dado a las ideas es adecuada, si todas estas se encuentran claramente vinculadas y no presentan desconexiones, si ha aplicado reglas de economía y eficacia a las frases, etcétera. Quien escribe debe controlar finalmente, la adecuación de la gramática, la ortografía, los signos de puntuación, la legibilidad y la presentación. La relectura crítica del escrito que selecciona y presta atención especial a cada uno de los aspectos parciales es el procedimiento que suelen poner en juego los escritores competentes para auto-corregir la producción.

EL ESCRITOR Y ESTILO

El estilo es la totalidad de las peculiaridades del texto, obra o autor. Supone la reunión de todas las facultades intelectivas, la conjunción de todas las fuerzas de la inteligencia y el carácter que actúan en la expresión del lenguaje. El estilo es la cualidad esencial del escritor. Es un carácter peculiar que revela su claridad u oscuridad, su naturalidad o afectación, su precisión o vaguedad, su ligereza o pesadez, su concisión o redundancia, su ornato o desaliño, su pureza o barbarie.

Escribir bien es una extensión de un pensamiento ordenado y riguroso. Escribir no es hacer un vaciado gráfico de cuanto se nos ocurre, de todo lo que pasa por nuestra mente. La clave de todo el que aspira escribir con fluidez y soltura está en lograr su propio estilo. Es aquí donde reside el secreto para escribir con elegancia y ritmo. Toda persona responde a un estilo. “El estilo es el hombre”, afirmó Buffon, El estilo es el brillo y pulimento de la espada del guerrero, pero también su filo”, dijo Juan Broadus.

Es al momento de redactar cuando nuestro estilo se pone de manifiesto junto a nuestra capacidad comunicativa y al dominio que tenemos de la lengua.
Antes de empezar a escribir es conveniente tener un plan a seguir; es decir, no podemos comenzar a escribir sin tener un objetivo, una idea de a dónde queremos llegar.

El estilo en la escritura gira en torno a dos aspectos fundamentales: Primero, una buena construcción de las frases y oraciones; segundo, una adecuada selección de las palabras, siempre conectando este ejercicio con lo que queremos decir o expresar. Todo el proceso de redacción ha de estar dirigido a escribir con corrección, orden y claridad que son los requisitos esenciales para ser comprendido sin dificultad.

La fórmula es la siguiente: Buena construcción, más adecuada selección léxica, es igual a un texto gramaticalmente correcto y en consecuencia claro. El lugar que ocupan las palabras en la frase adquiere gran relevancia a la hora de construir nuestro estilo. A esto le agregamos algunos recursos que enriquecen el texto y le dan concisión y fuerza expresiva. La buena construcción gramatical asegura la claridad del estilo.

Más que una fórmula, la buena construcción de la frase y la adecuada selección léxica, constituyen los fundamentos del buen estilo. Este fundamento se reconoce sobre el principio de que cada persona posee una forma peculiar de expresar sus ideas; es decir, cada persona posee un estilo de escribir. El estilo de un escritor se pone de manifiesto por el manejo de la sintaxis, por la forma de adjetivar, por el ritmo que le imprime a sus ideas, por la manera peculiar con que maneja su léxico y la puntuación.

Cuando escribimos estamos expresando parte de lo que somos, nos estamos dando a conocer en una fase nuestra. Cuando logramos reconocer nuestro estilo y podemos identificarnos por una forma propia de escribir, es señal de que estamos desarrollando la escritura como una vocación, nos estamos definiendo en nuestra calidad de escritores.

El estilo del escritor es un recurso que se mejora, que se depura. Rafael Lapesa recomienda la lectura hecha con reposo y bien asimilada como uno de los medios más eficaces para educar el estilo, “porque sirve de estímulo a la imaginación y aumenta nuestro caudal expresivo. La lectura atenta y sosegada mejora nuestro léxico y contribuye posteriormente a la forma con que escribimos nuestras ideas”.
Por medio del estilo el escritor fusiona y armoniza los diversos elementos, dándoles unidad a su escritura. El estilo es inseparable de la buena escritura. La penetra, la invade y, sin embargo, permanece en cada momento invisible como algo que no se deja comprobar. Es imposible separar el contenido de la forma, lo que dice el autor de cómo lo dice.

El estilo es lo que contiene al escritor con toda la amplitud comunicativa que conforma su universo y que únicamente le concierne a él, por estar hecha de sus propias experiencias, tristes, alegres, fantásticas. Claro que existen escritores prolíferos, geniales, que han basado sus libros en viajes o aventuras sin haberlas tenido jamás.
El estilo del escritor está relacionado con su destreza creativa, con su forma sincera de escribir que tiende a evitar la frase repetida y la muletilla utilizada hasta el cansancio. La originalidad, en suma no depende de la novedad del tema, sino del modo nuevo, personal y sincero de enfocarlo y desarrollarlo. Al escribir debemos huir de la frase hecha, de las expresiones muy repetidas, de los clichés tantas veces utilizados. Así podemos escribir con sencillez y soltura, que es el mejor de los ejercicios para conseguir un estilo original.

Alex Grijelmo, en su libro El Estilo del periodista, dice que el estilo se basa en pequeños sobresaltos que sorprenden al lector y lo hacen disfrutar el texto alejándolo del tedio. Incluso, admite que una dosis de humor es parte de los recursos que se pueden utilizar para sorprender al lector. El vocabulario de que dispone el escritor forma parte del estilo, y si cuenta con un léxico amplio disfrutará de mayores posibilidades para el humor y la sorpresa.
El ritmo musical de las frases y oraciones es parte de la percepción que debemos desarrollar para afinar el estilo. Tenemos que trabajar la escritura con esmero, buscar esa sonoridad peculiar que se produce en la media que vamos conectando las palabras con el sentido de lo que queremos expresar. Para dominar el ritmo debemos intuir, pues, la música de las oraciones, dejarnos deslizar con la mayor agudeza de los sentidos para percibir la carga de cada compás. Toda oración muestra un acento predominante que se superpone en la melodía a los acentos de las demás palabras que lo acompañan en la oración.
Grijelmo recomienda al redactar una información buscar adjetivos sobrios y sencillos. El adjetivo que se usa en una noticia o en una crónica debe aportar información, y nunca un juicio de valor. En el caso del articulista, su primer deber consiste en huir del exceso de adjetivación. Los adjetivos son la ropa de los sustantivos, a los que no podemos vestir con más abrigos de los que necesitan.

CUALIDADES DEL ESTILO

Dijimos que el estilo es la manera propia que cada uno tiene para expresar sus pensamientos por medio de la escritura o la palabra. Afirmamos que el estilo es la totalidad de las peculiaridades del texto, obra o autor y que hay maneras de cultivar y enriquecer el estilo. Es importante conocer las cualidades que definen el buen estilo de la escritura. Si estas cualidades no predominan en un escrito no podemos hablar de buen estilo.

Las cualidades que definen el estilo están relacionado con el dominio de los niveles sintáctico, semántico y léxico. La sintaxis, trata de las relaciones y funciones de las palabras en una lengua. La semántica estudia las variaciones de significado que experimentan las palabras de una lengua. Y la lexicología estudia el inventario de palabras que tiene una lengua.

Para decirlo de otra forma, las sintaxis estudia las formas como se relacionan las palabras, la semántica estudia el significado de las palabras y la lexicología el listado de palabras disponibles que tiene una lengua. Para alcanzar un estilo depurado se requiere conocer las palabras, saber que significado tienen y como se relacionan para la más clara y fiel expresión de lo que queremos comunicar. Este conocimiento es básico para escribir con elegancia y estilo.

El buen estilo gira fundamentalmente en torno a una buena construcción gramatical y a una adecuada selección de palabras o manejo del léxico. La definición del estilo en el escritor está relacionado con los niveles sintáctico, semántico y léxico que nos permiten tener una redacción más lógica y significativa, además nos facilitaran el proceso de adaptación del mensaje de acuerdo con:

  • El propósito comunicativo
  • El orden lógico de las ideas
  • La jerarquía de las mismas
  • Las opciones sintácticas más lógicas
  • La claridad en los conceptos
  • El tono adecuado de acuerdo al tema
  • La variedad en el léxico

Claridad: Escribe claro quien piensa claro. Se dice que el estilo es claro cuando el pensamiento de quien escribe penetra fácil en la mente del lector. Debemos escoger palabras llanas, es decir, las palabras portadoras de significado. Estas palabras son las que más fácilmente llegan al lector y logran fijar las ideas con mayor propiedad.
La claridad requiere de un lenguaje sencillo y de frases breves. Debemos, en la medida de lo posible, usar oraciones cortas, ya que estas son las más fáciles de recordar y hacen más agradable y fácil la lectura. La claridad consiste en expresarse sin enredo ni confusión de tal suerte que cualquier lector comprenda sin mayor dificultad el sentido de nuestras frases y vocablos.
Concisión: Es la utilización de la palabras precisas, justas y significativas que expresan lo que queremos decir. Albalat dice que la falta de concisión es el defecto más notable de los que empiezan a escribir. La redacción concisa puede ser breve y exacta, pero equilibrada y amena. Lo conciso no tiene que ser seco y sin brillo. Conciso no es equivalente a pobre o insuficiente. El estilo conciso es breve, certero, expresivo y vivo. La redundancia es lo contrario de la concisión. Es algo así como abundar sobre lo mismo; o sea, sobre lo que ya está explicado o descrito.
Para lograr mayor concisión al escribir es preferible usar palabras llenas, palabras que nos den el significado y la referencia de las cosas con la mayor propiedad y prontitud. Son preferibles las palabras específicas a las genéricas, las concretas y precisas a las abstractas. El estilo debe tender a la concisión mediante el uso de palabras precisas. Todo vocablo superfluo ha de quedar eliminado cuando revisemos nuestro propio texto.

Ejemplo: La palabra flor; la palabra específica es girasol. La palabra genérica es ave; la palabra específica es ruiseñor.

Naturalidad: Escribir con naturalidad es procurar que las palabras y las frases sean las propias que exige el tema. Alguien dijo sobre la naturalidad que es el arte convertido en hábito. La sencillez de un texto produce en sus lectores la impresión de que se escribió de un modo natural, sin afectaciones ni artificios. El rebuscamiento de un escrito se debe habitualmente a que el redactor está más empeñado en exhibir su originalidad o dotes de escritor que en dar fluidez y transparencia al texto.
El Ritmo: La educación del estilo coincide con la educación del ritmo interior. Es este ritmo interior el que atrapa las palabras, las elige con seguridad, las alinea y las distribuye. Las preposiciones, las frases, los períodos, no deben ser organizados por la gramática, sino que deben brotar de dentro, mediatizados por el ritmo interior. El sentido de la escritura no es invariablemente lógico, sino psicológico.

Ahora bien, como cada persona posee su propio ritmo, su propia respiración. El hecho de que haya tanto estilo depende exclusivamente de que existen muchos individuos, y cada cual tiene su propia personalidad, su visión particular del mundo, su propio modo de palpar, sentir, ver, juzgar y vivir. Debido a ello cada uno crea su estilo único, espontáneo y personal.
La armonía: es la cualidad estilística que, en primer lugar, procura la compatibilidad, concordancia o simpatía entre la forma y el contenido del escrito, entre la forma y el contenido, de suerte que muy difícilmente, por ejemplo, abordarse en tono frívolo o irónico un suceso que entrañe formalidad y peso. Cada asunto, cada tema reclama una forma, una estructura, un estilo que, con su sensibilidad y con su oficio, el escritor captará y plasmará sin disonancias. Evitar la cacofonía, la rima, el sonsonete; combinar frases cortas con largas, y procurar la eufonía dosificando melodiosamente la acentuación y las pausas.

Originalidad: La originalidad del estilo radica, casi de modo exclusivo, en la sinceridad. Empezar por ser sinceros, es ya comenzar por ser original. La originalidad no depende de la novedad del tema, sino del modo nuevo y sincero de tratarlo.

La sinceridad Entre las cualidades más destacables del estilo está la sinceridad. No escribirá bien quien no sienta profundamente lo que escribe.
La sinceridad brota de las grandes ideas y de las grandes convicciones, de todo lo que uno vive de manera intensa. Debemos preferir aquellos hechos que más nos han impresionado, aquellas situaciones que hemos vivido con mayor intensidad.

HERRAMIENTAS UTILES PARA MEJORAR EL ESTILO

Las partes fundamentales de la gramática son la morfología y la sintaxis. La morfología estudia cómo se forman las palabras, que modificaciones sufren para indicar los distintos accidentes gramaticales: genero, número, tiempo; establece, además cuales son las clases de palabras: sustantivos, adjetivos, verbos, pronombres.

La sintaxis estudia como ordenar, coordinar y subordinar las palabras, así como las relaciones que guardan éstas dentro de una oración. Asimismo, la sintaxis establece la función que cada palabra desempeña dentro del sujeto y el predicado.

La semántica estudia el significado de cada palabra y de las oraciones. Cuando escribimos, elegimos las palabras y las combinamos para formar oraciones, consideradas como las unidades mayores de la construcción sintáctica dotadas de sentido completo. Es decir, las palabras se unen formando conjuntos sintácticos a los que llamamos oraciones construidas por un sujeto y un predicado,
El profesor Michele Montauban del Solar tiene la certeza que la enseñanza de la morfosintaxis es útil cuando se integra a una estrategia global para mejorar la redacción y lograr que el escritor principiante analice oraciones propias, pensadas y redactadas por él mismo, con lo cual podrá percibir claramente la estrecha relación entre las reglas de la gramática y la creatividad. Al redactar un texto, el alumno debe ser capaz no sólo de construir oraciones gramaticalmente correctas, sino también debe desarrollar aptitud para redactar con coherencia, precisión, fluidez y claridad.
Si el buen estilo gira fundamentalmente en torno a una buena construcción gramatical y a una adecuada selección de palabras o manejo del léxico, en este sentido los diccionarios son una herramienta importante para darle lustre a la escritura. El diccionario es una herramienta imprescindible del escritor porque es el más fiel reflejo de la riqueza de una lengua, y su utilidad consiste precisamente en poner al servicio del usuario todo ese patrimonio al que sería difícil de acceder de otra forma.

Los diccionarios son útiles para precisar el significado correcto de las palabras. A través de este medio aclaramos dudas en cuanto a las palabras. No podemos olvidar que los diccionarios nos dan el significado de las palabras en su valor denotativo, que es simplemente lo que quiere decir la palabra, que además tiene un significado connotativo que se la da el contexto. Aquí viene lo que realmente expresa la palabra, su significado contextual.

El significado denotativo es el significado literal y propio de una palabra. Así el significado denotativo de la palabra noche se establece con relación al día, como intervalo de tiempo que transcurre entre la puesta del sol y el amanecer. El significado connotativo, es un valor que una palabra adquiere en su asociación con matices de significación afectiva o socio-cultural, dejando de lado su contenido netamente conceptual o denotativo. Connotativamente, noche puede adquirir los significados adicionales de “tristeza”, “temor o miedo”, “duelo”, “bohemia”, etc.

Las connotaciones pueden variar de acuerdo con la cultura, la época, el grupo social o las experiencias de los individuos. Por ejemplo: rojo denota un color preciso que corresponde a una longitud de onda específica; pero sus connotaciones políticas, afectivas o culturales pueden variar de una comunidad a otra, de un individuo a otro: comunista, peligro, pornografía, pasión.

Queremos decir con esto que para escribir bien no basta con trasladar mecánicamente palabras del diccionario al papel. Debemos asegurarnos que la palabra que estamos usando expresa lo que intencionalmente queremos decir, o más bien contribuye a expresar nuestro pensamiento. Es dentro de la oración que las palabras alcanzan su significado real; más bien dentro del contexto lingüístico en que nos estamos expresando.

El diccionario de definición de palabras es muy importante para el escritor. Debe tener más de uno. Necesitamos diccionarios auxiliares como son los de sinónimos y antónimos, esto es para aquellos usuarios que deseen expresarse con máxima precisión, para quienes están interesados en darle brillo y variedad a sus escritos.

Los diccionarios de sinónimos son otra de las herramientas que no deben faltar en nuestro estante personal. Claro, también es bueno aclarar que la sinonimia, de ningún modo tiene la pretensión de ser ciencia exacta, puesto que pocas veces se encuentran dos palabras con significados idénticos. Los sinónimos son términos cuyos significados son similares o parecidos, no idénticos; por eso los sinónimos son palabras relativamente intercambiables: Ej: nefasto, funesto, aciago, desgraciado, triste.

La acción de sustituir una palabra por otra sinónima, tiene que referirse por regla general, al contexto específico en que se utiliza, a su valor de uso, el cual introduce siempre un matiz singular, que justamente es el que mejor denota la idea que desea expresarse. De ahí que la misión de un diccionario de sinónimos no sea tanto la de ofrecer un catálogo de las voces de idéntico significado, como la de suministrar al hablante un repertorio de aquellas palabras que, en un contexto lexicográfico, puedan ser sustituidas por otra, sin alterar su significado.

Al utilizar los diccionarios podemos ampliar las posibilidades de nuestro léxico, ya que nos llegan palabras nuevas, de las cuales ponderamos sus diferentes matices, su vitalidad y fuerza expresiva para un texto en particular o para otros que vamos a escribir en el futuro.

Cuando estamos escribiendo, en el momento preciso en que estamos transcribiendo las ideas que van llegando a nuestra mente, no debemos preocuparnos excesivamente por la selección de palabras. Debemos usar la que mejor y más rápido nos ayude a expresar la idea que estamos desarrollando. Tras la búsqueda de la palabra más adecuada, no debemos frenar esa progresiva dinámica del pensamiento, sino que debemos escoger con cierta resolución una palabra y ver que tanto se ajusta a lo que queremos expresar, sin dejar de avanzar. Luego al momento de releer nuestro texto tendremos tiempo para decidir si cambiamos esta palabra por otra que consideremos más apropiada o la dejamos ahí. En la revisión del borrador tendremos tiempo para intentar ubicar en el lugar deseado la palabra más adecuada y feliz.

Para adquirir un estilo adecuado conviene fijarnos en los buenos escritores. De ellos aprenderemos mucho acerca de las cualidades del estilo. Lo mejor de todo es que se trata de un aprendizaje espontáneo y libre, en el cual nos vamos apropiando de manera espontánea y casi inconsciente de formas y giros del lenguaje que nos permitirán crear nuestro propio estilo.

Es conveniente en la búsqueda del estilo propio dejarse guiar, imitar en principio a un escritor que domine el arte de escribir y, por sobre todo, que nos guste. El único modelo para escribir una carta es una carta ya escrita. Si alguien quiere aprender a redactar noticias periodísticas, tendrá que leer noticias de un periódico. Solo en una instancia auténtica se puede encontrar la estructura, el registro y la palabra adecuada para escribir otra.

BIBLIOGRAFIA

SANCHEZ LOBATO, JESUS; CERVERA RODRIGUEZ, ANGEL; HERNANDEZ GARCIA, GUILLERMO, PICHARDO, NIÑO, CORONADA, Saber escribir, Instituto Cervantes, , Santillana Ediciones Generales, S, L. , Madrid, 2006.

MURRAY, ROWENA, Cómo escribir para publicar en revistas académicas, consejo y trucos para mejorar su estilo; Ediciones, Barcelona, España, 2006.

VIVALDI, GONZALO MARTIN, XXXIII edición, actualizada por SÁNCHEZ PÉREZ, ARSENIO; Curso de redacción, teoría y práctica de la composición y del estil; Thomson/Paraninfo, Madrid, España, 2003.

ALONSO, MARTIN; Ciencia del lenguaje y el arte del estilo,Tomo 1, duodécima edición, Aguilar; Madrid, España, 1975.

SAEZ, ANTONIA; La Lectura, arte del lenguaje, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, Rio Piedras, Puerto Rico, 1987.

GRIJELMO, ALEX, El Estilo del periodista, Grupo Santillana de Ediciones, S. A, Torrelaguna, Madrid, 2001.

GARCIA, BARTOLO; NUÑEZ, RAFAEL; DE LOS SANTOS, JULIO; Morfosintaxis Funciona del Español, Teoría, análisis y producción, Editora
Buho, Santo Domingo, República Dominicana, 1997.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

A %d blogueros les gusta esto: